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  1. Ración de lengua

    jueves, 10 de noviembre de 2011

    La vuelta al cole y los cambios de año vienen marcados por las colecciones absurdas. Las hay de todo tipo; nunca se sabe cuándo puede sacarnos de un apuro tener a mano los dedales del mundo o conocer el lenguaje de los abanicos. Hablando de idiomas, para los que nos dedicamos a la segunda profesión más antigua del mundo, también existen fases de tremenda duda existencial y lingüística. Primero, hay que decidir si nos apuntamos a yoga o ahorramos para que un fisio nos arregle la espalda cuando llegan proyectos estresantes. Después, nos entra el gusanillo. A veces, llega en forma de chino simpático con quien crees estar en deuda porque tu perro le mea a diario el cartel de los helados. Si no, simplemente, puede que te hayas echado un novio danés o te vayas a vivir a Alemania y surja cierta necesidad relacionada con la supervivencia.

    Cuidado: la chica de la foto puede estar llamándote de todo en idioma de los abanicos.


    Llevo meses dándole vueltas a este asunto y, cuanto más pasa el tiempo, más difícil se me antoja la decisión. Porque aquí no es tan fácil como elegir si te gustan los perros o los gatos, si eres de Windows o de Mac. Por eso, necesito vuestro consejo para decidir el futuro idioma que voy a estudiar. Las dudas...

    - Estudiar algo "sencillo" que pueda incorporarse como lengua de trabajo en un futuro. Hablo del francés (con base pero olvidado), el italiano (con nociones) y el portugués (nivel actual justo para imitar a Mourinho).

    - Aventurarme con un idioma más complejo y, si se deja querer, quizá trabajar con él a medio o largo plazo. Me refiero a mi siempre odiado alemán.

    - Probar con otros que estudiaría con empeño pero que me harían perder bastante tiempo. Entre ellos, preferiría el árabe (me encanta, pero sería por afición) o el japonés. Este último me interesa para la localización de videojuegos y podría convencer a mi amiga Kyoko para que me invite unas semanas a Kobe. También está la opción del chino, muy útil para hacerse entender en panaderías y tiendas multiprecio. Siempre me he preguntado si en China los dueños de las tiendas de chinos serán españoles.

    ¿Qué hago? ¿Paso de todo lo anterior y empiezo a estudiar rumano, catalán, ruso? ¿Aprendo a hablar bien inglés y me olvido de lo demás? Opinen, señorías.

    Besos

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  2. 8 comentarios:

    1. CQ dijo...

      Jo, es que estos temas son tan subjetivos... Yo te aconsejaría dos cosas totalmente distintas. Si te apetece estudiar un idioma nuevo por pasión, no tienes tanta prisa por incorporarlo como lengua de trabajo y dispones del tiempo suficiente, te diría que te lanzases a por el que más te atraiga a ti (en mi caso sería el noruego, he empezado varias veces por mi cuenta, pero mi problema es el tiempo). Si lo que quieres es aprenderlo para poder trabajar con él cuanto antes, te recomendaría la primera opción. A mí me encantó estudiar alemán, pero si volviera atrás y tuviese elección, habría elegido el portugués, porque, dado su parecido con el gallego (que también me encanta), creo que lo habría perfeccionado más rápidamente. El alemán, al no haber tenido ocasión de trabajar tanto con él durante los últimos años, ahora lo tengo bastante olvidado. :(

      Seguro que, en vez de ayudarte, te he liado todavía más, pero ahí queda eso. :)

    2. JDiego dijo...

      Ana, sin dudarlo ni un microsegundo: portugués. Italia y Europa toda se hunden y Brasil emerge enorme. Además, jurados de portugués hay cuatro en toda España (es una estimación jocosa, claro, pero de verdad que hay poquísimos) y facturan con una alegría propia del boom inmobiliario.

      Abrazos, maja.

    3. Aida dijo...

      Uffa, complicado elegir, es algo muy personal. Yo he pasado por esa fase. La primera vez que me dio en serio opté por alejarme de terreno conocido y me apunté a húngaro. En la primera clase me sentí muy moderna y guay, en la tercera pensé que era medio idiota porque no entendía nada de nada. Finalmente solo sé decir Hola y Gracias, pero me costó 9 meses aprenderlo.
      Al año siguiente me apunté a portugués y puedo imitar a Mou pero poco más, sé pedir dos botellas de agua y un pastel de Belêm y decir tío bueno (siempre útil).
      Y al final retomé mi segunda lengua de trabajo, que es el italiano y ahí sí que he que aprovechado las clases de verdad.
      Pero en cuanto pueda retomo el portugués!

    4. LauraFF dijo...

      Yo llevo 4 años estudiando turco, bueno, mejor dicho llevaba porque en verano me despedí de mi profe hasta nueva orden porque no podía con las clases y el curro y la vida en general y para ir a clase sin prepararme nada, prefería no perder ni su tiempo ni el mío. Me muero de ganas de volver porque lo echo mucho de menos.
      Dicho esto, lo hago por amor al arte. Cuando me apunté pensé que podría utilizarlo en el futuro como lengua de trabajo para cosas facilitas pero eso es más bien mentira. Lo complicado de escoger un idioma raruno que no se parece en nada a ninguno de los idiomas que hablo (y de ser vaga) es que al no tener contacto con el idioma a diario (no hay series facilonas con subtítulos en inglés para ir aprendiendo por ej.) se me hace dificilísimo retener el vocabulario nuevo y me frustro.
      Tampoco pienses que soy un zoquete, en clase leemos libros (en casa con diccionario) y para cada clase traduzco siempre noticias de periódicos, pero la frustración me suele superar.
      Eso sí, luego Guti tuitea un día en turco desde Estambul y lo entiendo todo y me da un subidón de aúpa!!!

    5. Ostras Ana, eso es algo muy personal. Yo te desaconsejo que te metas en berenjenales de idiomas exóticos, te lo digo de verdad. Principalmente porque son bastante farragosos y hay que echarles muchísimas más horas que a otros idiomas, por mucho que me digan que eso es un mito. El árabe con el tema de los dialectales es un horror (sobre todo como seas intérprete en los SS. PP.), y no te creas que con japonés vas a localizar más videojuegos que con inglés. Además, necesitas muchos años para dominar la escritura japonesa. A mí es un idioma que me fascina, pero no lo estudiaría con vistas a trabajar con él (ni de coñas, vamos xD). Supongo que conocerás este blog, pero si no, te lo recomiendo vivamente: http://lenguajaponesa.blogspot.com/.
      Además, piensa una cosa: las agencias, siempre que puedan hacer la traducción desde una lengua puente, lo harán porque les sale mucho más barato. Mi consejo: no te metas en camisas de once varas, de verdad. Y te lo dice una que ha estudiado árabe y sabe de lo que va el tema. La vida ya es bastante complicada como para complicárnosla más nosotros solos...
      ¡Un abrazo!

      Eva

    6. juliacgs dijo...

      Yo lo único que puedo decir es: ¡¡¡¡El alemán no!!!!, ¡¡¡el alemán nooooooooo!!! Sobre todo si lo odias. Si tienes la sensación de que jamás llegarás a saber todo el inglés que desearías, con el alemán, esa sensación se multiplica por un millón. A mí me encantaría estudiar portugués, por ejemplo, pero siento el deber de perfeccionar antes mi alemán, que es, ha sido (y será, sospecho) siempre peor de lo que yo quiero. A mí, personalmente, el francés (que es mi segunda lengua) me encanta, pero eso sí, no da de comer: apenas me salen traducciones, lo cual es una lástima...

      En fin, no sé si te he dado algún consejo o te he contado mi vida, pero bueno, espero que te sirva.

    7. Beta dijo...

      La duda ofende. Chino. Dentro de unos años, cuando el presidente del gobierno español se llame Hu Li Nan, el chino será obligatorio. Ya, ya sé que en principio los chinos tiran un poco para atrás, pero si tienes un poco de visión de futuro te darás cuenta de que los chinos, y especialmente las chinas, están en camino de convertirse en las nuevas japonesas (¿y quién no querría dormir abrazada a una japonesa de Akihabara?). Eso sí, es una apuesta a medio plazo.

    8. Playmobil dijo...

      Gracias a todos por las opiniones. Voy a esperar al mes que viene para tomar la decisión y quizá empezar en enero. En definitiva, alemán, portugués, lo que más me guste, francés, japonés o chino. No va a ser fácil elegir...

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