miércoles 11 de noviembre de 2009

"Spendy" Monday

Pongamos que es puente en Madrid y que tu magnánimo jefe ha decidido que para ti también lo sea. Con tan poco tiempo de reacción solo consigues preparar una escapada a Segovia, que no prospera porque con el temporal que hay en media península ya tienes excusa para no salir de casa. Digamos que te levantas el lunes y no te apatece ni hacer clic para bajarte pelis y que, por la tarde, te vas a la FNAC (pronúnciese 'efnák'), donde los frikis compran figuras de colección y los modernitos se pasean con gafas de moda (sí, esas que parecen para freír calamares) antes de irse a cenar a un japo.

Pongamos que salivas antes la tele que llevas pisteando dos meses y que, por cierto, ha bajado de precio. Y que la mano se va directa a la tarjeta de crédito y, sin saber cómo, te encuentras diciéndole a la chica que te viene bien que te la lleven el jueves. Digamos que una semana antes te has hecho socia del único videoclub que sobrevive en tu barrio. Y que has desperdiciado tu saldo en "Quemar después de leer".

Pongamos que ya es miércoles (23:00), que no te bajaste pelis ni puedes ir a alquilar una, que la programación apesta y que no vas a poder despedirte como es debido de tu antigua tele porque hoy solo hay Física o Química, La Noria, el programa de Risto Mejode (este señor merece capítulo propio) y no sé qué más. Digamos que, al menos, no te van a dar tanta envidia todos los madrileños, andaluces y callejeros viajeros del mundo. Ya tienes una tele grande que te cagas. Ahora a descargar, que es lo que toca.

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martes 20 de octubre de 2009

El ataque de las clones

Últimamente todo se reproduce: la gripe, los manifestantes, los despidos... en el mundo de la música no querían ser menos. El ataque de las clones folkie ya es un hecho confirmado. No digo indie para no ofender a más de un gafapasta.

En mi secuencia mental primero vino la Rusa. Creo que es el molde y proviene a su vez de la mezcla de muchos otros modelos. Canta bien. Toca menos bien (ni falta que le hace). Las letras me gustan a pesar de saber lo que dicen; a ratos, son incomprensibles. Lo malo es que lleva dos años dejándose ver demasiado. La gente empieza a cansarse. Piensan que su languidez-timidez son una pose.

Después apareció la Golosina, que domina la guitarra, la voz y las relaciones sociales y virtuales. No es tan clon porque no se disfraza de intensa. Al contrario, es simpática a rabiar, aunque pierde por dos motivos: 1. los indies puristas la rechazan. No soportan que la metan en ese saco; 2. Sonaba mejor cuando colgaba las canciones en myspace porque no tenía disco... aunque eso no es culpa suya.

Casi simultáneamente conocí a la Dulce. Al principio me lo creí todo. Luego la vi en directo y comprobé su alto grado de parecido clonístico. El toque tejano-ameliesco-pop de su música no me acaba de convencer. Bueno, al menos ha fichado para un anuncio de MacDonalds. Ya puedo criticar con motivos.

La última en aterrizar es el Pajarito Panocho. Creo que tiene mucho que decir (o que cantar) aunque no he podido disfrutar de un concierto suyo aún. Es clon por su estilo, pero la música es propia, sin duda.

Me pregunto cuando las oigo qué pensarán sobre sus respectivos clones. ¿Sentirán miedo, asombro, respeto...? ¿Y por qué las cuatro reinas ya han tenido su concierto en Radio 3 y a Klaus and Kinski, paisanos de la última, aún no les llaman? ¿Será que en la tele no dejan contar anécdotas sobre Albacete, el paro y Gossip Girl, como hace Marina en sus conciertos?

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martes 1 de septiembre de 2009

Despedida y cierre (NY III)


NY es como el helado de té verde. Al probarlo, esperas que sea dulce pero, cuando lo saboreas, te deja un gusto amargo en el paladar. Sientes nostalgia por algo que no es tuyo y que se aleja bastante de lo que ya conoces. No te has ido y ya planeas qué vas a hacer cuando vuelvas. Al patear Bleecker Street, te das cuenta de que tu sueño no era tener una casita en la playa. Sin duda, prefieres un ático en el SoHo. Ya tienes claro que cualquier parque, hamburguesa o ciudad van a ser pequeños o insípidas, aunque intuyes que no podrías vivir aquí demasiado tiempo.

La última tarde gris que me regaló NY paseaba por el puente de Brooklyn con la silueta de Manhattan al fondo. Y pensaba que tengo que regresar cuando me dé menos miedo volar tan alto o cuando peguen una tirita gigante en forma de rascacielos en la zona cero. Porque todo pasa, pero NY es una ciudad para huérfanos.

viernes 28 de agosto de 2009

Me como la manzana... (NY II)

NY no es una ciudad. Es LA ciudad. Aquí impera una ley de Murphy permanente. Si algo puede suceder, lo hará tarde o temprano. Sigo sin visitar Brooklyn, sin cumplir mi sueño de un encuentro fortuito con Paul Auster en un puesto de pretzels. Sin embargo, sus casualidades tenían que estar presentes. Si no, NY no sería el mundo que yo descubrí a través de sus libros. En el observatorio del Empire State me encontré con una tocaya, paisana y compañera de facultad. Supe que estaba aquí de vacaciones gracias a Facebook, pero no me imaginaba que nuestros hoteles estarían a tres calles de distancia, ni que nos cruzaríamos en lo alto de la city. Y es que escalar este edificio como King Kong es seguro más fácil que esperar una hora de cola, subir 6 pisos andando y pelearse por las vistas con los prejubilados italianos, que tienen tomada la ciudad. Se les reconoce por el moreno Berlusconi.

El jugo de la manzana ya está bastante exprimido: la ONU, el Museo de Historia Natural, Central Park, Little Italy, Chinatown, SoHo... y, por supuesto, el Metropolitan, aunque los "robos" artísticos merecen una entrada aparte. Al menos, eso pensarán los iraníes, egipcios, franceses o japoneses que visiten el museo. También le he dado un beso a Miss Liberty y he intentado hacerme pasar por ejecutiva agresiva en el distrito financiero. Esa parte no ha ido tan bien. Cuando voy a pagar en las tiendas, siento que estoy en Cádiz... la gente es muy simpática y educada (que no falsamente educada, como en Britania). Si no fuera porque la dependienta es un armario empotrado con rastas y un acento incomprensible, empezaría a asustarme. En el fondo, es la gente la que hace a las ciudades. Ya me gustaría a mí ir andando por la Quinta con la 35th, con una gorra de los Yankees y orgullosa de ser neuyorquina, de mi ciudad sin cubos de reciclaje, con tortugas ninja y olor a pescado podrido.

domingo 23 de agosto de 2009

Cojo la manzana... (NY I)

Amanece en Nueva York. El camino no ha sido fácil. Dos horas de retraso, turbulencias, familias pijas, azafatas con mala leche y el repiqueteo constante de los deditos de los niños jugando en la pantalla que está detrás del asiento del avión. NY nos recibe con las omnipresentes banderas de barras y estrellas y un cartel gigante de Desigual. Después, en el control de aduanas, mantengo la calma. Parece que el Miolastán que me tomé hace 8 horas y no me hizo ningún efecto al cruzar el Atlántico empieza a dejarse notar. Cuando el guardia me pregunta si me han detenido alguna vez por cruzar ilegalmente la frontera desde Méjico, la cosa se anima. Respondo que es la primera vez que vengo a USA. Me dice que me llamo igual que alguien con esos antecedentes. Me dan ganas de decirle que él se llama igual que el niñato de "Solo en casa", pero me contengo y le contesto que mi segundo apellido es bastante común. Asunto zanjado. Huellas dactilares (solo faltan las de los pies), foto, preguntas y, si me pusieran un microchip y una vacuna, me sentiría un auténtico perrito extranjero. Librepensador, eso sí.

Ya en la calle, un taxista loco y simpático que presume de hablar 7 idiomas ("parla espainolo", me dice) nos hace sufrir más de la cuenta mientras hace zigzag entre el tráfico y reta a cualquiera que se interponga en su camino (GTA VII NY taxi drivers, se me ocurre como lanzamiento estrella para esta temporada). A punto de vomitar la pizza de la merienda, distingo por fin el perfil de la ciudad. Veo el Chrysler, el basket callejero, los coches gigantes, porque aquí todo es "huge" y noto la lluvia áspera como esta ciudad. NY nos da la bienvenida con los brazos abiertos.

jueves 6 de agosto de 2009

A falta de FIB...

Ir al FIB es una de las 4 cosas que cualquiera debe hacer al menos una vez en la vida. Creo que las otras 3 tenían que ver con árboles, niños y libros. En mi caso, para que esto se cumpla, han de darse estas condiciones: que tenga dinero, que queden entradas y que no trabaje. Este año ha fallado la última, la más molesta.



Por eso, el finde pasado emigré al Low Cost Festival, el concierto no gratuito más barato del verano. En Alicante, además de una humedad selvática y unos helados para morirse, hay algún indie que otro suelto. El festival aún no está a la altura de otros, pero a mí me gustó. El viernes vi a Los Domingueros, con un Jero dándolo todo en camisa de leñador y el pelo como el actor secundario Bob. El sábado me bañé en un jacuzzi que llaman mar Mediterráneo. Ya de madrugada, llegué a la hora ideal para mantener "la distancia adecuada" con Nacho Vegas. Entre la humedad y un pureta tan intenso habría caído desmayada al segundo acorde. Eso sí, no me perdí a toda una musa de Tarantino con un atuendo muy suyo y un directo de impresión. "Julieta" Lewis, como se hacía aclamar por el público, se dejó la voz, el cuero y el penacho indio en el escenario. El plato fuerte de la noche fueron los Vetustos, que me hipnotizaron con sus nuevos temas. Además, acerté una apuesta por partida doble: la primera y la última canción que tocarían. El premio: una paella para despedirme hasta el próximo festival.

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miércoles 29 de julio de 2009

El asesino, el mayordomo


Hace ya tiempo que pienso que los habitantes de Madrid (en especial los que se desplazan en metro) son los que más leen de España. Los lectores son una tribu urbana como otra cualquiera, fácil de clasificar y estudiar. En número, como casi siempre, ganan las mujeres. En calidad, no lo tengo nada claro. A mí, por ejemplo, me daría vergüenza leer en público algo que se titule: "Aprende a decir no" o "Perdonar: ¿tiranía o liberación?". Supongo que la crisis y el verano son las excusas perfectas para que triunfen este tipo de bodrios. También pega fuerte entre los jubilados "La mano de Fátima". Otro subgrupo de lectores es el de los que forran los libros con papel para que nadie sepa (son vergonzosos como yo) que están leyendo un diccionario de francés, una novela eróticofestiva o la biografía no autorizada de Ana Botella.

Lo más sorprendente es el duelo, bastante desequilibrado, entre "Crepúsculo" y la trilogía sueca. Con los vampiros aún no me atrevo, que luego tengo pesadillas. En cambio a Larsson (que en paz se forre) he querido darle una oportunidad. No es para tanto, pero tampoco lo son otros que tienen un premio Nobel y copian más que Ana Rosa Quintana. Me hace mucha gracia cómo los que apuran la tercera entrega del nórdico miran por encima del hombro a los que apenas llevan 100 páginas de la primera. Parece que, en cualquier momento, vayan a fastidiarles el misterio revelando el nombre del asesino. A mí no me gusta partirme la muñeca en el metro leyendo un libraco al que le sobra la cuarta parte. Sin duda, lo mejor para el verano son los libros cortos y adictivos. En dos palabras: Paul Auster.