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  1. La Rusa Roja

    sábado, 7 de febrero de 2009

    Foto: Palindroma


    El lunes, ojeando la Rolling Stone, veo un anuncio de un concierto privado. El martes envío un correo. Espero respuesta el miércoles pero esta no llega. El jueves me quedo en casa, con el estómago destrozado. A mediodía recibo una llamada y escucho las palabras mágicas: "estás en lista". Llego al Hard Rock Cafe quince minutos antes de la hora. Me sorprende la cantidad de yanquies que pueden aglomerarse en un bar de moda. Por un momento, siento que no estoy en España. Bajamos a las profundidades. Nos ponen una pulsera como si fuéramos al Caribe (mal rollo). Pido una Fanta de limón (¡qué malota) pero solo tienen Kas y sabe a medicina.
    Os sitúo: a la izquierda, la barra; de frente, un escenario tamaño Lego con su guitarra y dos micros; detrás, la mesa de sonido.

    De repente, el sitio empieza a llenarse de pijos con caballos y cocodrilos y pijas que están más morenas que Julio Iglesias. Van embutidas en vestidos mínimos y muy maquilladas. Todos se hacen fotos con un tipo que parece el mandamás de la revista. La sala ya se ha llenado (60 personas) y la artista se hace de rogar. Nos colocamos al lado de un par de gafapastas que resultan ser amigos de la Rusa. El jefecito procede con las presentaciones. No sabe hablar y no sabe inglés. Por la puerta de atrás aparece una chica con aspecto de quinceañera rebelde con un modelito de lo más vintage. Incluye una camiseta parecida a la que yo uso para dormir en verano.

    Toca "I'm down". Mira a mi acompañante. Al principio, creo que se acuerda de que en la Heineken estábamos en primera fila. Después, descubro que solo dos personas conocemos la canción. Sube alguien a afinar la guitarra antes del segundo tema. Ella habla más de lo normal. Puede que el orden no sea este pero toca: "Nice thick feathers", "The Scientist" (los pijos tampoco conocen a Coldplay), "Walls are tired", "Cigarettes" (por fin alguien hace como que canta), una nueva reciente y "Crying" de R. Orbison.

    Media hora escasa de música en estado puro. Esperamos un bis que no se produce. Los pijos se lanzan a por las bandejas de canapés y a hacerse fotos con la Rusa. Hablo con ella un minuto. Es agradable aunque está tan roja como yo (puede que más). Me gusta que le guste Auster y espero que siga componiendo igual. Pero, ante todo, espero que no deje de encantarme cuando sea menos indie.

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